lunes, 9 de noviembre de 2015

PORTADA


ÍNDICE


INTRODUCCIÓN

“PROCESO DE LA EVALUACIÓN COGNITIVO-CONDUCTUAL”


Introducción

El enfoque cognitivo-conductual de la evaluación surgió como modelo para ayudar a los clínicos a formular y evaluar planes específicos de intervención para sus clientes, identificando tratamientos específicos para cada cliente o sus sistemas ambientales que pudiesen requerir el cambio. Esto debido al déficit y carencias que presentaban otros modelos para llevar a cabo una evaluación eficiente y con bases científicas.

Objetivo

Dar a conocer el proceso de la Evaluación Cognitiva-Conductual, sus objetivos, bases teóricas, fases, instrumentos y técnicas utilizadas.

1.- FENÓMENO BAJO ESTUDIO Y CONTEXTO TEÓRICO


Antes de introducirnos al campo que conlleva al proceso de Evaluación cognitiva-conductual, primeramente veremos una comparación con el enfoque tradicional de la evaluación.

·         Evaluación Conductual:
Kendall y Norton-Ford (1988), mencionan que la evaluación conductual examina cuidadosamente las variaciones específicas que ocurren en las condiciones ambientales con el propósito de determinar su influencia en el funcionamiento del cliente. Por lo cual, el fenómeno bajo estudio es el funcionamiento humano: comportamientos, pensamientos y sentimientos específicos, las respuestas psicológicas producidas y la composición especifica de las situaciones en las cuales aparecen esas respuestas.
Desde el punto de vista conductual, el funcionamiento humano se considera como el producto de la interacción continuada entre la persona y la situación; las personas modelan su vida a través de su comportamiento, sus ideas y planes. Sin embargo, el medio en que se desenvuelven las personas contribuye también a modelar su vida. Por lo cual, las personas están construyendo constantemente su vida y su ambiente, pero también están siendo conformadas continuamente por las experiencias de aprendizaje que su medio les ofrece. La evaluación conductual es importante porque informa sobre la selección inicial de estrategias de tratamiento, proporciona un medio de realimentación concerniente a la eficacia de las estrategias de tratamiento a medida que se ponen en marcha durante el proceso, permite una valoración de la efectividad general del mismo una vez que se ha terminado y destaca factores situacionales que pueden conducir a la recurrencia de la conducta problema. Por consiguiente, la evaluación conductual subraya la obtención de datos que ofrezcan las respuestas más claras y directas a la cuestión práctica de qué combinaciones de respuestas y situaciones están produciendo tensión en el cliente y cómo se pueden modificar esas respuestas y situaciones específicas a fin de estimular el bienestar del cliente. Por lo cual, una característica fundamental de la evaluación cognitiva-conductual se centra en el Análisis Funcional de la conducta.


·         Evaluación Tradicional:
Se encarga de producir con frecuencia retratos impecables e interesantes de las personas, es decir, hacer descripciones generales de la personalidad o de las etiquetas del diagnóstico, tales como "esquizofrénico" o "hiperactivo".


Por su parte Phares (1999), menciona que la personalidad es un sistema de constructos que media la conducta. Ya sea que el constructo sea el yo, las expectativas, un rasgo, la paranoia o el potencial de crecimiento, esta perspectiva se ocupa de las características personales relativamente estables que contribuyen a la conducta. Por lo cual, su fenómeno de estudio son los rasgos que determinan la personalidad de las personas, ya que considera, que la personalidad está compuesta por una serie de rasgos, los cuales se determinan a través de pruebas psicométricas.

2.- OBJETIVOS EVALUACIÓN CONDUCTUAL & TRADICIONAL


·         Objetivo de la Evaluación Conductual:
La evaluación conductual se concentra en los comportamientos y características ambientales observables directamente. Se lleva a cabo con el fin de establecer una estrategia precisa y eficaz para ayudar al cliente a modificar su ambiente en forma que le permita comportarse de manera más eficiente.
Por lo cual, el objetivo central de la evaluación conductual es la obtención de verdaderas interacciones del cliente en las situaciones reales, para determinar ciertas conductas que presenta el sujeto con respecto a su ambiente.

·         Objetivo de la Evaluación Tradicional:

El objetivo de la evaluación tradicional es obtener información terapéuticamente pertinente de los indicios de rasgos de personalidad subyacentes de las personas, para agrupar las conductas bajo etiquetas diagnósticas.

3.- ESTRATEGIA METODOLÓGICA

·         Evaluación Conductual:
La evaluación conductual obtiene la información antes, durante y después de la intervención. En donde, cuenta con mediciones diseñadas por lo general para aplicarse varias veces durante la terapia a fin de hacer una evaluación más exacta de los progresos y las necesidades cambiantes del cliente a lo largo de la intervención. Sus estrategias metodológicas son las siguientes:


  •   Análisis funcional: implica la evaluación de los acontecimientos que preceden a determinado comportamiento ("antecedentes") y los que le siguen ("consecuencias"). Se deben realizar análisis exactos sobre los estímulos que preceden a la conducta y sobre las consecuencias que le siguen. A través de evaluar la forma en que se relacionan las variaciones en condiciones estímulo y en resultados con los cambios conductuales, es posible obtener una comprensión más precisa de las causas de la conducta.
  •  Entrevistas: para obtener una impresión general del problema que presenta el paciente y de las variables que parecen mantener la conducta problema. La meta básica es identificar las conductas-problemas específicas, los factores situacionales que mantienen la conducta problema y las consecuencias que son el resultado de esa conducta.
  •  Observación naturalista: consiste en observar directamente a la persona en los ambientes y en las interacciones con los cuales tiene contacto real. Para lo cual, se deben de seguir los siguientes pasos:
1.    Compilar un conjunto preliminar de categorías para la observación. En donde sólo se deben incluir comportamientos significativos de acuerdo a las metas básicas.
2.    Cada categoría conductual o situacional debe ser definida operacionalmente. Esto significa que se deben indicar comportamientos o caracteres específicos y directamente observables para definir cada categoría.
3.    Seleccionar a la persona que fungirá como observador, a parte del terapeuta otra fuente de observadores la constituyen las personas con las cuales interactúa regularmente la persona estudiada.
4.    Elegir una unidad de análisis. Esto se refiere al tiempo, tipo y número de respuestas que se usarán en el verdadero registro observacional. Existen tres tipos de unidades de análisis que son: unidad de calificación (es el segmento de tiempo o de comportamiento que se va a calificar o clasificar), unidad de contexto (es el segmento de tiempo o de comportamiento que un observador examina con el fin de calificar cada unidad), unidad de resumen (es la agrupación de las unidades de calificación acerca de las cuales se obtendrán conclusiones).
5.    Decidir la forma específica que adoptarán las calificaciones. Existen varias formas: puntuaciones de la intensidad de un comportamiento (se ilustran mediante una escala de 0 a 10), duración del comportamiento (ya sea en minutos, segundos, etc.), frecuencia (implica tabular el número exacto de veces que el comportamiento se produce), puntuaciones de ocurrencia-no ocurrencia (implican la anotación directa de si un comportamiento se produjo o no, sin importar su duración, frecuencia o intensidad).
6.    Decidir el procedimiento específico de observación. Lo cual incluye si utilizarán algún material, instrumento, etc.
7.    Llevar preparados los registros, utilizar relojes o registradores para cronometrar la duración, etc., esto, para minimizar el tiempo y el esfuerzo requeridos al hacer los registros, a fin de que se pueda concentrar la atención en la observación.
8.    Formular un programa de observación. En donde las mediciones de observación pueden ser aplicadas en diversas circunstancias, incluyendo los hogares, las aulas, los hospitales de internos mentales y las sesiones de psicoterapia para pacientes-externos.

  •      Observación controlada: es una prueba situacional que consiste en colocar a los individuos en situaciones más o menos similares a aquellas de la vida real y entonces se hacen observaciones directas de la forma en que reaccionan los individuos.
  •    Automonitoreo: se utiliza cuando las personas sirven como observadores de sus propias acciones e interacciones. Los individuos observan y registran sus propias conductas, pensamientos y emociones, es decir, deben llevar un registro continuo de la frecuencia, intensidad y duración de ciertas conductas objetivo, junto con las condiciones estímulo que les acompañan y las consecuencias que les siguen. Es de moderada a sumamente precisa en el caso de los comportamientos donde no hay interacción. Exige que la persona distinga si ciertos comportamientos, pensamientos o sentimientos se han producido, que registre luego los datos y por último, los presente de modo que permita usarlos en la evaluación y en la intervención.
  •    El informe del cliente en la evaluación conductual: es más retrospectivo y recapitulatorio y depende de lo que la persona recuerda de los patrones generales de comportamiento.
  •       Evaluación analógica: Se utiliza para obtener una muestra directa del comportamiento como respuesta a una situación análoga. Es un método útil para obtener muestras limitadas de los conocimientos y capacidades de las personas, y puede ser especialmente útil cuando no es posible llevar a cabo la observación naturalista o la autovigilancia.
  •    Observaciones y calificaciones conductuales hechas por otras personas de significación
  •   Role playing: se utiliza como un medio para entrenar nuevos patrones de respuesta. Se emplea con mucha frecuencia en la evaluación de habilidades sociales y asertividad.
  •     Inventarios y listas de verificación: son técnicas de autoinforme que sirven para identificar conductas, respuestas emocionales y percepciones acerca del ambiente.
  •   Evaluación psicofisiológica (área adicional de evaluación conductual): La evaluación se enfoca en el registro de las reacciones corporales ante ciertos estímulos ambientales. Las reacciones que típicamente forman parte de esa evaluación son la tensión muscular, el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y la resistencia de la piel. Se requieren instrumentos de medición muy precisos.
  •     Evaluación Cognoscitiva-Conductual (área adicional de evaluación conductual): Los objetivos de la evaluación consisten en respuestas específicas de actividades cognoscitivas. Entre los métodos para evaluar las respuestas cognoscitivas y conductuales se encuentran: el muestreo de pensamientos y el inventario de autoafirmaciones.


·         Evaluación Tradicional:

La evaluación tradicional obtiene información sobre los clientes sólo de manera informal e indirecta durante la terapia a través de pruebas psicométricas.

4.- PROCESO DE LA EVALUACIÓN COGNITIVA-CONDUCTUAL

Las fases que a continuación se detallan, de acuerdo con Godoy (1993), representan aquello que el terapeuta hace desde que se dispone a enterarse de los problemas que aquejan al paciente hasta que finaliza su intervención.

·         Fases

a).- Análisis del motivo de consulta: es una fase del proceso de evaluación menos estudiada, incluso algunos lo pasan por alto y comienzan con la traducción del motivo de consulta en conductas operacionalmente definidas. Sin embargo, antes de traducir a conductas es absolutamente necesario tener perfectamente claro qué es lo que se necesita traducir, es decir, conocer con exactitud y de forma completa cuáles son las conductas tanto de queja como demandas del paciente.

b).- Establecimiento de las metas últimas del tratamiento: hacen referencia a los criterios utilizados para considerar el tratamiento como un éxito, por lo cual, deberán ser clínicamente relevantes y socialmente significativos. Esto es, que deban solucionar las demandas del paciente y de los agentes sociales significativos que lo rodean. Incidiendo en el comportamiento y el ambiente del sujeto.

c).- Variables de las que dependen las metas últimas del tratamiento:
o   El sistema conceptual y de valores del terapeuta.- Distintas terapias y distintos terapeutas parecen tener objetivos finales diferentes.
o   El sistema conceptual y de valores de quien realiza la consulta.- Las quejas y demandas procedentes de los pacientes con frecuencia se expresan en términos vagos y de teorías de rasgos. Por lo que, los datos que proporciona el paciente, con frecuencia se encuentran influidos por el sistema conceptual empleado por el terapeuta.
o   Los requerimientos del medio físico y social en el que vive y se desenvuelve el paciente.

d).- Análisis de las conductas problema: los problemas que se plantean son de dos tipos: quejas y demandas. Ambas suelen agruparse en lo que se considera “el motivo de consulta”. Las quejas suelen referirse a lo que va mal y se quiere eliminar, a lo que causa problemas, a lo negativo y molesto. Las demandas, a su vez, hacen referencia a lo que se quiere adquirir, a lo positivo. En general, puede decirse que toda queja encierra una demanda: una nueva forma de comportarse.
Las quejas y las demandas, en nuestro medio, se plantean como términos de clases de conductas (p.ej., «grita mucho») o en capacidades («soy incapaz de...»). De esta manera en evaluación conductual se considera lo que siente o experimenta el cliente como un sentimiento sordo de malestar puede pasar conceptualizarse como respuestas específicas a nivel motor, cognitivo y lógico.
Las conductas problema hacen referencia, pues, a la traducción, en términos conductuales operacionales, del motivo de consulta presentado por el paciente. Cuando se habla de eliminación o definición de las conductas problema en terapia de conducta suele hacerse referencia a la operacionalización, en términos conductuales, tanto de las quejas como de aquello que produce las demandas del paciente.
Por lo cual, la importancia que tiene el análisis de la conducta problema es el de llegar a una situación de conocimientos tal que permita un acto diagnóstico completo: la clasificación de las conductas problema de tal forma que sea posible la indicación del tratamiento más adecuado. Es decir, el tratamiento que elimine el problema a lo largo del tiempo y a través de las situaciones.

e).- Estudio de los objetivos terapéuticos: constituyen aquella clase de conductas a las que se dirige, o sobre las que se centra la intervención terapéutica.

f).- Elección de las conductas meta: algunas consideraciones que utilizan los terapeutas de conducta para guiarse en la elección de las conductas objetivo y de la secuencia más adecuada en que debe abordarse cada una de ellas, son las siguientes:
o   Deben cambiarse los comportamientos que son física, social o económicamente peligrosos para el paciente o para los que le rodean.
o   Una conducta es anormal y debe modificarse si es aversiva para el propio sujeto o para otros, bien porque se aparta de lo que se espera del sujeto en ciertas situaciones, bien porque resulta impredecible.
o   Se debe cambiar una determinada conducta si así se flexibiliza el repertorio del paciente, de tal forma que se aumenta el bienestar individual y social a largo plazo.
o   La conducta a implantar en lugar de la conducta problema debe establecerse en términos positivos y constructivos, en oposición a la visión supresora o negativa.
o   Deben obtenerse niveles óptimos de funcionamiento, y no sólo niveles medios.
o   Se deben seleccionar para su modificación únicamente aquellas conductas que el contexto continuará manteniendo.
o   Sólo se deben considerar como conductas objetivo aquellas que son susceptibles de ser tratadas, dados los recursos con que cuentan el paciente y el terapeuta y con los medios disponibles en un determinado momento de desarrollo de las técnicas terapéuticas.

g).- Prioridad en las conductas objetivo: en primer lugar se plantea siempre que el problema no es “monosintómatico”, es decir, siempre que exista más de una conducta objetivo. En estos casos, la conducta a modificar en primer lugar será:
o   La conducta que resulte más molesta para el paciente o los otros significativos, ya que de esta forma el propio paciente o los otros, como mediadores, estarán más motivados a continuar con el tratamiento si se benefician con la intervención.
o   La conducta más fácil de modificar, ya que los resultados rápidos motivarán al paciente y/o a los otros significativos y los llevarán a esforzarse y a colaborar en los intentos terapéuticos.
o   La conducta que produzca la máxima generalización de los efectos terapéuticos.
o   La primera conducta de la cadena en el caso de que varias conductas constituyan una cadena comportamental.
Sin embargo, parece más sensato intervenir en primer lugar (excepto en aquellos casos en que existen conductas peligrosas o muy aversivas para el sujeto o los que lo rodean) sobre aquellos elementos (conductas o factores ambientales) que produzcan un proceso de intervención más rápido, parsimonioso y dotado de efectos más generales.

h).- Criterios directrices para la elección del tratamiento adecuado: las estrategias principales para elegir tratamiento pueden agruparse en tres categorías clasificatorias:
o   Estrategia del análisis funcional: es la estrategia clásica en terapia de conducta para unir evaluación y tratamiento, esto es, para derivar el tratamiento adecuado a partir de los datos de la evaluación. Por lo que, el análisis funcional pretende descubrir relaciones estímulo-respuesta.
o   La estrategia de la conducta clave: parte del supuesto de que los trastornos conductuales están constituidos por clases de conductas que se interrelacionan en los tres sistemas de respuestas: motor, cognitivo y fisiológico. Se supone, igualmente, que el modificar alguna clase de conductas, o algunas conductas de una determinada clase, modifica otras clases o la clase entera, es decir, pretende cambiar una conducta para que ésta cambie otra, y ésta a otra, y así sucesivamente. Por lo que, intenta descubrir relaciones respuesta-respuesta.
o   La estrategia diagnóstica: se basa en la forma topografía o propiedades estructurales de la conducta, en oposición a sus propiedades funcionales. Según este enfoque, una vez que se le ha asignado a la persona un diagnóstico determinado, se elegirá el tratamiento que se ha encontrado más efectivo para ese tipo de trastorno, suponiendo que tal tratamiento exista. Así, para la depresión puede aconsejarse la terapia cognitiva de Beck; para las fobias, técnicas de exposición; para el exhibicionismo, sensibilización encubierta, etc.
o   Estrategia de la guía teórica: se basa en cualquier teoría o sistema de conocimientos procedentes de la psicología científica. enfrentados con las quejas y demandas del paciente, el terapeuta recurre al arsenal de teorías y conocimientos científicos existentes en busca de un sistema conceptual que verse sobre la región de fenómenos con que se encuentra, de tal forma que le sea posible describirlos con precisión y encontrar estrategias de actuación para pasar de un estado A (coincidente con el que actualmente presenta el paciente) a un estado B (coincidente con las metas últimas propuestas). De este modo, las quejas y demandas planteadas de forma semejante, tras un análisis más de-tenido, pueden quedar conceptualizadas en una forma distinta y requerir la evaluación de unos u otros contenidos, así como desembocar en uno u otro tipo de tratamiento.

i).- Evaluación  de los resultados del tratamiento: las razones por las que se aconsejan la realización de una valoración sistemática de los resultados de las intervenciones psicológicas son las siguientes:
o   La valoración proporciona información acerca de la magnitud y dirección de los cambios, así como acerca de en qué medida se camina hacia la consecución de las metas últimas del tratamiento, permitiendo con ello la corrección de los fallos o deficiencias que se observen (valoración formativa).
o   Permite apreciar el grado con el que se han alcanzado las metas últimas del tratamiento y, por tanto, si el tratamiento puede considerarse o no como un éxito, en qué medida lo es y con respecto a qué criterios de los utilizados (valoración normativa).


j).- Valoración de las metas últimas del tratamiento: el establecimiento del éxito del tratamiento depende de diversos criterios que pueden diferir según los agentes sociales u otras personas significativas que realicen la valoración de los resultados. Esto hace que sea necesario hacer un muestreo de los otros significativos en los distintos ambientes en que se desenvuelve el paciente para establecer cuáles son los criterios de éxito que utilizan. Así los criterios empleados para valorar una misma actuación difieren dependiendo del sexo, la edad o el “rol” del que actúa. De la misma forma, los criterios con los que se valora la adecuación de una determinada actuación pueden ser muy distintos, según quién sea el que la valora.