La labor de la actividad
clínica es la de poner en orden, dentro de un modelo de relaciones causales, un
conjunto de datos e informaciones que se consideran relacionados con los
motivos por los que un paciente decide buscar ayuda profesional y que brindan
las bases para diseñar un programa de intervención dirigido a mejorar las
condiciones de vida de la persona.
Por lo cual, sirve de guía para
decidir sobre el tipo de tratamiento más eficiente, es decir, aquél con la
mejor razón coste-beneficio, en un paciente determinado. Además, permite identificar
y ordenar los múltiples determinantes del comportamiento, a nivel general, y la
diversidad de las interacciones entre procesos psicológicos básicos que dan
como resultado trastornos psicológicos, los cuales, aunque similares en sus
manifestaciones, presentan importantes diferencias en las causas que los
originan. La formulación clínica conductual no solamente es aplicable al
proceso terapéutico del paciente individual, sino que subyace a cualquier
intervención que requiera desarrollar hipótesis sobre las relaciones de causalidad
que dan lugar a determinados resultados en diversos ámbitos.
La formulación clínica implica
la generación de un modelo causal dentro del cual se enmarcan y se
interrelacionan las distintas hipótesis. Se remite al problema fundamental de
la ciencia del comportamiento, es decir, al de la causalidad. (Castro &
Ángel, 1998)
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